Los niños, las primeras damas y nuestro machismo

Tenemos un conjunto de leyes en apariencia suficiente pero complicado y que, por lo mismo, a veces se convierte en obstáculo para atender a los niños de manera más eficiente.

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Tenemos esta semana en la Tribuna MILENIO un muy serio conjunto de voces —desde la academia, el gobierno y la más seria organización internacional dedicada al tema— hablando sobre el problema que enfrentan los menores de edad y la manera en que el Estado ha fallado en darles todas las protecciones a las que tienen derecho. (http://www.milenio.com/tribunamilenio/que_tan_desamparados_estan_nuestros_ninos/)

Si pudiéramos encontrar un común denominador en las visiones de quienes se preocupan y dedican a la infancia es que tenemos un armado legal, un conjunto de leyes en apariencia suficiente pero complicado y que, por lo mismo, a veces se convierte en obstáculo para atender a los niños de manera más eficiente.

Desde 1990, cuando México ratificó la Convención de los Derechos del Niño, se han aprobado infinidad de leyes para proteger a los menores mexicanos.

Pero como plantea Ricardo Fletes, a partir de acontecimientos recientes y otros no tanto, difícilmente podríamos decir que se ha cumplido, por ejemplo, el punto 3 de la convención, que a la letra dice: “Los Estados Partes se asegurarán de que las instituciones, servicios y establecimientos encargados del cuidado o la protección de los niños cumplan las normas establecidas por las autoridades competentes, especialmente en materia de seguridad, sanidad, número y competencia de su personal, así como en relación con la existencia de una supervisión adecuada”.

En nuestra Tribuna se pueden encontrar propuestas concretas, metas y algunas rutas posibles para tener un sistema que atienda de manera articulada y eficiente a los niños. Un dato: poco más de cuatro millones y medio de niños mexicanos están en la extrema pobreza. 

Yo tengo una modesta propuesta: que nunca más un gobernador o un Presidente mexicano nombre a su esposa presidenta del DIF correspondiente. Advierto: no tengo nada contra las primeras damas, estoy seguro que muchas tienen las mejores intenciones y otras las capacidades para encabezar la institución. 

Lo que me parece terrible es lo que dice de los hombres que las nombran y del sistema que lo ha hecho hábito. 
Y lo que revela de lo que los políticos mexicanos piensan debe ser una política respecto a la familia y en especial de la infancia. 

Tal vez podríamos rastrear en esta costumbre mexicana los orígenes de la situación en que están nuestros infantes hoy. Que el DIF lo dirijan profesionales de las políticas públicas para niños. Y que las primeras damas hagan lo que les dé la gana. 

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