El Piojo, ese hooligan

Cientos de aficionados fueron a recibir a la selección a pesar de haber jugado como siempre y perdido como de costumbre.

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La patria está entristecida por la derrota de sus campeones mundialistas, a los que les volvieron a temblar las patitas a la hora buena, no se sabe con certeza jurídica si eso fue antes o después de que al Piojo le empezaran a temblar las patitas ante la posibilidad de romper la barrera del mítico quinto partido.

Y, sin embargo, en un ritual compulsivo del arropamiento, cientos de aficionados fueron a recibir a la selección a pesar de haber jugado como siempre y perdido como de costumbre. Incluso a pesar de que el propio DT reconociera que su pecado fue “no conservar el balón los últimos 15 minutos”, cuando se sabe que los ratoneros no van al cielo.

Bueno, se veían tantas pancartas de afecto con el epíteto de “Aunque nos Robben”, que uno se sentía transportado al movimiento pejista de 2006. Tanto que solo faltaba que tales multitudes le exigieran a la FIFA que trae mufa aquello del “penal por penal, clavado por clavado”. Por supuesto los villanos son el árbitro lusitano y el delantero holandés, quien, al parecer, será contratado por el PRD para darles un seminario a Los Chuchos sobre el fino arte de la simulación que no dominan, pues nunca sabes si son de izquierda, de derecha o todo lo contrario.

Digo, tampoco se trata de acusar a los seleccionados de cómplices del doctor Mireles o de formar parte de ese partido nazi de Jalisco de extracción panista compuesto por muchachos que parecen no entender que —a pesar de superar en su ultraconservadurismo al senador Chema Martínez, que dicen las malas lenguas que andaba vestido de tehuana en la Marcha del Orgullo Gay— nomás de verlos Hitler los habría mandado a un campo de concentración. 

Algo pasa con los panistas, unos se ponen medievales y otros terminan en la cárcel, como unos ex diputados acusados de acoso y de tocamientos impropios. Como sea, ante las declaraciones de El Piojo, que parece asesor del PRIcámbrico defendiendo sus reformas (“no soy títere, a mí no me maneja nadie como José Ramón Fernández a sus gente”), incapacitado para la autocrítica, sí quedan dudas. Como: qué sintió cuando el espíritu cuenta chiles de El Tuca Ferreti lo poseyó.

¡Qué nervios, solo faltan mil 460 días para que México sea echado del próximo Mundial en el cuarto partido y que la preponderancia de la televisión de paga se apropie los partidos chidos! Pero igual vemos al Piojo al frente de la selección inglesa, porque así lo pide la afición que igual está acostumbrada a las derrotas, pero quiere un hooligan que dirija sus destinos.

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